Valle de lágrimas

“Una muerte es una tragedia. Un millón de muertes, una estadística“. Josef Stalin.


Corea del Norte está a años luz de Occidente. Exactamente, a poco más de 36 años luz. Las plañideras me recuerdan a una ejemplar ciudadana española, y el monólogo de la señora que anuncia la muerte de Kim Jong Il se parece al del mítico Arias Navarro. Es más, los norcoreanos están más adaptados a los nuevos tiempos. Se han currado un fondo idílico de montañas nevadas y bosques e incluso han puesto a una intérprete de signos para que los discapacitados que allí encierran en campos de concentración se enterasen también de la muerte del Líder.

En un 2011 que agoniza, Dios, Alá, el demonio o quien sea se ha llevado a varios dictadores por delante. A Gadafi se lo cargaron los que habían sido sus súbditos. Lo que viene siendo, tarde o temprano, lo normal cuando tú te has cargado antes a unos cuantos miles. Es lo que tiene, que la gente se harta cuando alguien se ventila en sus narices a su hija, su madre, su hermano o su abuelo. Ben Alí y Mubarak perdieron la fuerza y se pusieron malitos, al estilo de Sansón, pero en vez de cortarles el pelo, les cortaron el grifo del poder y los billetes.

Pero es que lo de los lloros colectivos me desconcierta. En Corea del Norte, el 2012 de los mayas parece haber llegado con antelación. Lloran la muerte de su líder. Un hombre que,  según enseñan en las escuelas, no meaba, ni cagaba (y eso que se fundía 800.000 euros al año en coñac). Su biografía oficial afirma vino a este mundo en la cima de la montaña más alta de Corea bajo la mirada de una golondrina, y que en ese preciso momento, una estrella nació en el cielo. Porque sí, y punto.  La industria de las plañideras ha recuperado su esplendor, aunque es un decir, porque me da a mí que no van a cobrar mucho. Pese a este resurgimiento, allí las celebraciones colectivas, fuera de los desfiles militares y los cumples del Líder (donde hacen una fiesta nacional), no están muy de moda. Hace un año, cuando la selección de fútbol jugó el Mundial de Sudáfrica, descubrieron que los aficionados norcoreanos eran actores chinos. Aunque bueno, alguno no se dio cuenta porque no desentonaban mucho al lado de los africanos que apoyaban a España. Con esto de los ojos rasgados, al menos disimulan.

Yo pagaría por meterme en la cabeza de las personas que lloran como si los estuviesen torturando (igual en eso tienen bastante práctica). ¿Son conscientes de que hay un mundo más allá? Hombre, en vez de mandar el Líder, manda Goldman Sachs, pero se vive un poco mejor. ¿Lloran de pena o de alegría? ¿Esa rabia que desprenden tiene algún destinatario? A saber.

Kim Jong Il dejó todo atado por si Stalin lo llamaba a filas en el infierno. El que tomará las riendas del país es su hijo Kim Jong Un, una inquietante mezcla entre Falete con el pelo corto y Xian el de Doraemon. Ojito.

El colega tiene en su poder, según dicen, material para fabricar bombas nucleares y unos cuantos millones de súbditos famélicos. Esperemos que no la líe.

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