29 momentos para disfrutar a lo largo de la Autopista del Cantábrico

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Cuando uno recorre la A-8 a lo largo de la costa cantábrica le da un poquito de razón a ese dicho que afirma “Asturias y Cantabria, lo demás tierra conquistada”. La Autopista del Cantábrico es un continuo discurrir entre el azul del mar que le da nombre y el verde de los prados y la Cordillera. Una franja que parece infranqueable tanto por un lado como por otro. Desde el desvío de la A-6 a la altura de Baamonde (Lugo) hasta Santander (aquí nos hemos quedado en este viaje), cada poco tiempo surgen a ambos lados del asfalto pequeños paraísos escondidos que dejan huella.

Aquí van, por tanto, unas humildes y cuestionables recomendaciones para disfrutar un poco más del trayecto:

1- Sentarse al lado de la estatua de Cunqueiro en Mondoñedo y contemplar su catedral.

Estatua de Álvaro Cunqueiro frente a la catedral de Mondoñedo

Estatua de Álvaro Cunqueiro frente a la catedral de Mondoñedo

2- De paso, saludar a uno de sus personajes, el mago Merlín, que vaga por el pueblo lucense reencarnado en Manolo Montero. Imprescindible la visita a su pequeña librería-museo. Pura magia.

3- Caminar con marea baja por la playa de As Catedrais (Ribadeo). Los caprichos del viento, el mar y la geología han esculpido formas de todo tipo en este increíble arenal. Muy importante consultar el horario de las mareas.

4- Acampar junto a un acantilado en el camping de Taurán, al lado de Luarca. Anochecer y amanecer aquí es un lujo.

5- Y ya que estamos, bajar por el sendero que conduce a la playa del mismo nombre, enclavada entre dos acantilados.

Playa de Taurán

Playa de Taurán

6- Sufrir tortícolis por mirar a izquierda y derecha mientras vas en el coche. A un lado, playas espléndidas, encajonadas entre montes que aterrizan en el mar. Al otro lado, la Cordillera Cantábrica.

7- Pasear a pie de puerto por Luarca y luego subir a su cementerio para contemplar de un vistazo las tres señas de Asturias: el mar, el prau y la montaña.

8- Agravar el dolor de cuello en Cudillero al observar las casas que se precipitan hacia el mar desde su parte alta. Un festival de colores, un pueblo maravilloso. Y de noche, sencillamente espectacular.

Cudillero de noche

Cudillero de noche

9- Cubrirse de paz y calma en la Playa del Silencio, en Gavieiro, unos kilómetros antes de Cudillero. Hay que descender a pie por un escarpado camino. Y más dura es la subida de vuelta, pero la vista es de película. Un acantilado cae casi en vertical sobre la playa y a lo lejos se elevan pequeños promontorios en medio del mar.

Playa del Silencio

Playa del Silencio

10- Escanciar sidra (tras una breve clase impartida por algún experto local) en la plaza del Lavaderu de Gijón.

11- Bañarse en las playas de San Lorenzo y Poniente.

12- Que el viento te despeine a los pies del Elogio del Horizonte.

13- Saludar al eterno Woody Allen que pasea por el centro de Oviedo y darse luego un paseo por el campo de San Francisco.

14- Empaparse de los fascinantes museos de la capital.

15- Cruzar el río Sella junto al puente romano de Cangas de Onís.

16- Seguir el curso del Sella y recorrer sus últimos metros antes de que se entregue al Cantábrico en Ribadesella. Para los más animados, pasar aquí el fin de semana del Descenso Internacional es una parada obligada.

17- Pasar la tarde en la playa de Poo de Llanes y ver como la marea llena (o vacía) la parte central de su arenal. Te puede ocurrir, como a mí, que a última hora de la tarde un caballo y su amazona irrumpan en la playa para galopar libremente. Pocas veces se puede observar tanta belleza.

18- Descubrir Gulpiyuri, en Llanes, una playa en forma de media luna que aparece de repente a más de cien metros del mar. El agua que la baña se filtra a través de un túnel en las rocas.

19- Luchar a brazo partido contra un enorme cachopo en un buen restaurante. Un plato para valientes.

Cachopo

Cachopo

20- Adentrarse en los Picos de Europa para visitar a la santina de Covadonga y sus lagos, tan hermosos como helados.

21- Llegar a San Vicente de la Barquera de la mano de su ría.

22- Subir al edificio de la Universidad de Comillas y observar desde las alturas el pueblo.

23- Pasear por sus calles cual Primos en la película de Sánchez Arévalo.

24- Visitar su cementerio gótico, dominado por “El Ángel Exterminador” de Josep Llimona.

25- Precipitarse por las calles de Santillana del Mar y trasladarse al Medievo a través de la Colegiata románica, de sus calles empredradas y las casonas con sus floridos balcones.

Santillana del Mar

Santillana del Mar

26- En Santander, punto final del viaje, es imprescindible rodear la península de la Magdalena y visitar el palacio.

27- Después de la Magdalena, avanzar hasta el faro del Cabo Mayor.

28- Recorrer las playas de Bikinis, Peligros y El Sardinero.

29- Caminar en paralelo a la bahía a lo largo del paseo de Pereda. Reflexionar sobre el contraste entre el majestuoso edificio del Banco Santander y la escultura de homenaje a los raqueros, esos chavales pobres que se tiraban al agua por un puñado de monedas, para diversión de los viandantes y marineros.

Espero, más pronto que tarde, culminar la ruta cantábrica con los momentos imprescindibles para disfrutar del País Vasco. Hasta entonces, seguiremos viajando. Que lo disfruten.

Homenaje a los marineros al lado del cementerio de Luarca

Homenaje a los marineros al lado del cementerio de Luarca

Fotos: Manuel Rey / Óscar Dunphy

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