Messi en abstinencia

Foto: Andreu Dalmau / EFE

Foto: Andreu Dalmau / EFE

“Se lo ve como en trance, hipnotizado; solamente desea la pelota dentro del arco contrario, no le importa el deporte ni el resultado ni la legislación. Hay que mirarle bien los ojos para comprender esto: los pone estrábicos, como si le costara leer un subtítulo; enfoca el balón y no lo pierde de vista ni aunque lo apuñalen. (…) Messi es un enfermo.”

Messi es un perro – Hernán Casciari

Algunos se bajan las medias y se quitan las espinilleras. Otros se hunden en la segunda fila y se dedican a hacer bromas con sus compañeros. Hasta los hay que sacan un paquete de pipas y se ponen a pasar el rato como si estuvieran en la grada.

Pero hay uno distinto a todos ellos. Que ayer se tuvo que sentar en el banquillo contra su voluntad porque sus fibras se quebraron en el peor momento. Uno que ayer se comería todo el dedo si tuviese más uña. Que tenía síntomas más propios del mono de un yonqui. Las piernas le temblaban, la mirada le bailaba, se revolvía en su asiento. Parecía que en cualquier momento iba a desencajarse como Mark Renton en la escena del bebé de Trainspotting.

Cuando Tito decidió meterle el chute de fútbol y lo hizo entrar, la dosis de Messi dibujó un nuevo escenario. Como si echasen en el Camp Nou algún alucinógeno que distorsiona la realidad. El PSG, que había jugado a placer con el Barça, se volvió temeroso. Los culés, al contrario, se creyeron invencibles, encomendados a la única bala de plata de un dios renqueante.

Y la bala funcionó. Recibió en esa zona donde siembra el caos. Cada metro que avanzaba, se multiplicaba la psicosis en la defensa parisina. Sacó a Thiago Silva de su cueva, reinó el descontrol, y Villa y Pedro, fieles escuderos, hicieron el resto.

Dedicó el resto del tiempo a vagar por el césped, evitando el balón en cuanto podía, como el héroe herido que descansa contemplando el final de una batalla ya ganada, sabiéndose artífice del triunfo. En la práctica, el PSG jugaba contra 10 hombres, pero ya no llegó con peligro. En cierto modo, era consciente de que, si respondían con un gol, estarían condenados de nuevo frente al perro, al enfermo, al yonqui de la pelota.

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Un momento estelar

Cuenta Stefan Zweig en Momentos estelares de la humanidad que el rumbo de una época suele quedar marcado por un instante concreto. El escritor austriaco narra, por ejemplo, la noche en la que se compuso La Marsellesa o el minuto universal de Waterloo, el principio del fin para Napoleón. En esos momentos, convergen en el espacio y en el tiempo unas circunstancias que harán inolvidable a ese instante.

Ayer por la noche, de repente, en el Friends Arena de Solna, cerca de Estocolmo, ocurrió. Ganaba la selección local 3-2 a Inglaterra en un amistoso. No había mucho en juego. Suecia ya conoce de sobra a Zlatan Ibrahimovic, por lo que un hat-trick suyo ya sorprende poco por allí. Pero de repente, ocurrió. 

ImaxeUn balón largo con ventaja para el portero. A Joe Hart ya le habían caído tres de Zlatan. Salió atropelladamente del área y el lateral inglés, en vez de cubrir el despeje de su portero, siguió hacia la portería. Ibrahimovic se detuvo. En ese momento, cuando el sueco se frenó, empezó a escribirse el relato. Zlatan se quedó quieto, frenó sus más de 190 centímetros y 90 kilos y guardó distancia ante el despeje. Miró hacia el cielo. Debió de decirse a sí mismo: “Lo voy a hacer”. Y lo hizo. Se impulsó con una tijera y alzó la pierna derecha a más de dos metros del suelo. Se retorció como un escorpión a punto de atacar y disparó el aguijón. El balón describió una curva perfecta. Como si hubiese entrado en órbita al salir del pie armónico del rebelde Zlatan. Voló sobre todo y sobre todos y cayó como una bendición sobre la red.

Silencio, admiración y júbilo. Parte de la historia del fútbol. Un momento estelar.

Foto: “The Times”

Anduva y el fútbol moderno

(He intentado arrancarme varias veces en estas semanas con algún tema para actualizar el blog, pero nunca di el paso hasta hoy).

Lo del Mirandés engrandece más a la competición que cualquier Clásico rodeado de parafernalia. Hace dos semanas, el Espanyol le quitaba media liga al Barça en un grandísimo partido de los pericos. Se creyeron pequeños, y sin miedo a nada, se lanzaron al cuello del vecino guapo.  Y le hincaron el diente. En gran medida, gracias a su nuevo estadio. Cornellá-El Prat ha recibido muchos elogios por su cercanía al césped y su arquitectura, que caldea el ambiente para alentar al equipo. Todo lo contrario que el gélido Montjuic, al menos para el fútbol.

El Espanyol no se ha creído pequeño hoy. Los pericos que hoy viajaron a Miranda llevaban mucho tiempo sin ver el partido apoyados en las vallas. El gigante era el Mirandés, un equipo que, pese a estar en Segunda B, no pasaría ningún apuro en Segunda. No me tiro a la piscina, pero estaría por ver el papel que haría en la actual Liga BBVA. Pero lo atractivo, más allá de su nivel futbolístico, es su apariencia.

“Esto es Anduva”, dice un letrero en la entrada. El techo de las gradas recuerda a aquellos de uralita, y está sostenido por pilares. Los fondos ni siquiera tienen gradas. Al ver Anduva, recuerdo esos campos sin un hueco para apoyarse en las vallas metálicas. Esas desnudas gradas de piedra con cuatro o cinco filas, pegadas al campo. Ahí donde los líneas tenían que escuchar de todo y no se paraba el partido. Donde te quitaban la pelota cuando sacabas de banda. Donde el balón rebotaba en las vallas metálicas hasta abollarlas. Donde si te hacías un rasguño, tirabas y seguías jugando. Las camisetas eran distintas en el minuto 0. En el 90, todas de color barro. En mi pueblo, más o menos del tamaño de Miranda, y en muchos más, se tiró un campo de esos para hacer otro a 5 kilómetros, con césped y ambiente artificial.

En los estadios de hoy, se gastan millones para que en cuanto llueva todo el mundo no tenga donde resguardarse. A veces, las pistas de atletismo son como un foso a gran escala, donde el partido casi ni se ve. Como te salgas un poco del campo, en vez de público, te comes a siete cámaras, ocho recogepelotas, nueve seguritas y dos comisarios de la LFP.

No voy a ser yo el que renuncie a todas las ventajas que ha supuesto para el fútbol su conversión en negocio. Pero a cambio, nos hemos dejado muchas cosas por el camino. Que el Mirandés juegue las semifinales de Copa en un campo como Anduva desnuda al fútbol y lo deja en su esencia. Lo que nunca debemos olvidar.

Once contra once, un balón, dos porterías y a meter más goles que el rival. Y que la gente disfrute y se vaya contenta a casa si gana y jodida si pierde. Y si empata, depende. El Espanyol celebró un empate frente al Barça y hoy el Mirandés le pintó la cara. Todo lo demás, muchas veces sobra.

Trastorno bipolar

Tal y como destaca el Marca en la portada de la derecha, el EGM sigue confirmando su liderazgo. 2.960.000 lectores, con una insignificante caída del 0,4 % respecto a la anterior oleada.
Un medio con tal difusión tiene una mínima responsabilidad. Porque no vamos a juzgar a sus lectores.

No voy a entrar en la polémica de si Piqué se merece un partido adicional de sanción. Según la normativa, sí. Otro día hablaremos de la normativa.

Lo importante es que este es el diario más vendido de España:

Portadas Marca de ayer y de hoy

Os recomiendo este blog: La Libreta de Van Gaal.